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martes, 16 de octubre de 2012

Hoy: Las Taradas en revista Cultra


MARTES, 16 DE OCTUBRE DE 2012

¡CANTEN, TARADAS!


Siete mujeres, sus voces, sus instrumentos y su sentido del humor, realizan un viaje en el tiempo hasta décadas pasadas, para resucitar cierta música olvidada.

Txt. Florencia Dopazo  Ph. Ezequiel Sambresqui

Taradas: dícese de siete mujeres que entre polleras acampanadas, remeras rayadas y vestidos a lunares, se encargan de ejecutar –con adaptación propia- música de los año 40 y 50. Esta definición no se encuentra en ningún diccionario o enciclopedia, es como esta orquestina se autodefine. “Ante todo nos hacemos cargo, lo somos: somos Las Taradas”.

Su origen fue tan poco convencional como lo es el grupo en sí mismo. Lejos de seguir un habitual orden de progresión, ellas primero encontraron el nombre que bautizaría al septeto, luego una fecha en la cuál debutar, y finalmente dieron vida al conjunto. Hace poco más de dos años, Lucy Patané (guitarra) y Paula Ma-ffia (voz, ukelele y acordeón), miraban videos de Boswell Sisters - trío vocal de los años 30- y un comentario irónico y simpático de Paula –como la mayoría de los que ella hace- fue sin quererlo el germen de este proyecto: “Quiero conocer dos taradas más, hacer una banda y cantar todas juntas así, cabecita con cabecita”. “Y por favor que se llame Las Taradas”, remató Lucy. Tiempo después, con un show pactado para una banda inexistente, a las dos integrantes fundadoras se les sumaron Lucía Martínez (contrabajo) y Carla Branchini (clarinete). Luego siguió el reclute de taradas, con Natalia Gavazzo (percusión), Melisa Muñíz (kazoo y trompeta) y Rosario Baeza (violín). “Fue como armar el 'dream team' porque eramos todas amigas”, recuerda Paula.

“Es música vieja pero interpretada realmente 
por nosotras, ahora, en 2012, en esta época, y 
con todo lo que traemos de nuestras carreras”.

Desde aquel confuso inicio, su repertorio es tan excelso como va-riado; ellas aseguran que no re-presentan un estilo, sino más bien una época. “Hay algo del hot jazz, del swing, del blues, la canzonetta, que es muy histriónico, sanguíneo. Es ejecución pura, es dar la vida a-rriba del escenario”, justifica Paula a este tributo a algún tiempo pasado, y tal vez mejor. Su compañera de bandas, Lucy (ambas integrantes de La Cosa Mostra) agrega que todas están más ligadas al rock, por lo que las adaptaciones que hacen a veces rozan lo punk: “Es música vieja pero interpretada realmente por nosotras, ahora, en 2012, en esta época, y con todo lo que traemos de nuestras carreras”. 


Las Taradas saben bien lo que son. El conjunto que quiere reivindicar cierta música que, por alguna extraña razón ya nadie escucha, es netamente femenino. “No es por sectorizar varones versus mujeres, pero creemos que todavía no se ha explotado todo el potencial de grandes músicas e instrumentistas”, explica Paula. Lo hacen rescatando el particular sentido del humor de aquella época, cargado de cierta picardía e ingenuidad. Pero también tienen en claro todo aquello que no son: “Por ejemplo, nos encanta Diana Krall, pero no vamos a ser Diana Krall”, aclara Natalia y Paula la sigue: “¡No! No tenemos ni ganas ni herramientas para hacerlo. Nos falta ese rubior, esa cosa bella y serena”. Todas apoyan la comparación con carcajadas.

Cuando su show comienza, el traslado a décadas remotas es automático. Vestidos floreados, camisas masculinas y corbatas, zapatos de charol, co-llares de perlas y labios cubiertos con un rojo furioso; cada una tiene un personaje, un alter ego que caracteriza con un look determinado. El escenario les queda chico, está atestado de micrófonos y más instrumentos que ejecutantes. Comienzan con boleros tranquilos y melosos, y el público embelesado las escucha atento, casi hipnotizado, hasta que Paula anuncia: “Cambiamos el ritmo, vamos con la ranchera”, y las demás acompañan golpeando rítmicamente el piso con sus pies. Luego, es el turno de la cumbia, del baile; los presentes acompañan con palmas, coros y los más desinhibidos con pequeños bailecitos. Pero además de música, hay humor. Entre las distintas canciones, la espontaneidad de las chicas entra en escena, se dan divertidísimas y ocurrentes interacciones entre ellas que son respondidas con una lluvia de risas. “¡¡Son unas Taradas!!”, les grita alguien desde alguna mesa, y extrañamente aquello es un halago. 

“Somos muy camaleónicas”, dicen y lo demostrarán con su primer disco próximo a salir, cuya presentación será el 15 de noviembre en el Teatro IFT. Y a las pruebas se remiten: tocaron ante señoras de Recoleta, en el Café del lector de la Biblioteca Nacional, fueron teloneras de Las Pelotas, cantaron en el Festival de la Cerveza en Mendoza, y hasta coparon el mismísimo Congreso en una marcha por la despenalización del aborto, causa con la se declaran muy comprometidas.

Por más variado que sea su público, todos coinciden en algo: se sienten atraídos por la original propuesta de Las Taradas. “Me parece que en Buenos Aires hay una necesidad de divertirse también de ese modo medio tarado. Es como si la gente acá se tomara demasiado en serio así misma -reflexiona Natalia, y en seguida concluye- creo que eso es también parte del atractivo: la gente que viene a vernos se reconoce con nosotras, también se considera tarada”.

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